El incendio en la casilla de Benoit demostró el incumplimiento municipal
La necesidad de llenar titulares y no detenerse a cumplir ni pensar, es lo que hace del gobierno de Pablo Bruera una gestión sin acción. Lamentablemente hasta el momento no se siguieron lineamientos claros y la cantidad de anuncios que se hace cada semana, terminan quedando en el tiempo, ya que nunca se tomaron las medidas necesarias para realizar las promesas incumplidas.
Si bien todas las semanas vemos cómo el intendente Pablo Bruera llena titulares realizando alguna inauguración, aun hay muchas promesas y anuncios que fueron olvidados por completo y que sólo una catástrofe los saca a la luz.
El incendio de la Casilla de Pedro Benoit, en el Parque Saavedra, demostró cómo los anuncios muchas veces terminan siendo sólo palabras que jamás se trasforman en hechos. Es así como el segundo siniestro que estuvo cerca de eliminar para siempre el patrimonio histórico local puede leerse como un fiel reflejo de lo que fue el bruerismo en estos 15 meses de gestión: incapacidad de acción y falta de respuestas.
Aun que claramente, no sólo el estado en que se encuentra la ex casa del "planificador" de la ciudad, permiten sostener esta manera de gobernar la capital provincial. También la falta de obras hidráulicas que impidan que la ciudad termine nuevamente bajo el agua reflejan hasta que punto se puede incumplir: en un año sólo se mejoró el estado de los arroyos, pero no se planificaron medidas que funcionen a largo plazo.
A su vez, la mejora del Sistema Urbano del Trasporte (SUT), aun brilla por su ausencia, ya que con el limitado funcionamiento de la tarjeta multilínea y el efímero número de nuevas unidades de colectivos tras dos "tarifazos" que duplicaron el costo del boleto, las medidas siguen estando alejadas de las promesas que el intendente Pablo Bruera les hizo a los vecinos visitándolos casa por casa durante la última elección.
Por otra parte, la mayor desidia de esta gestión se ve reflejada en la falta de obras públicas. Si bien la crisis contribuyó a que la billetera del municipio deba ajustarse, sobre un total de 300 millones de pesos al año, el bruerismo invirtió en la mejora de la ciudad sólo un 10%, para financiar el Presupuesto Participativo y el mantenimiento del asfalto.
Finalmente no hay que dejar de lado la prometida inversión en salud, la cual no se ve reflejada en el presupuesto anual aprobado por el oficialismo, en el cual sólo se destinaron 1,8 millones para programas y campañas de prevención y concientización, a la par de que 16 se van en salarios médicos.
Esto no sólo demuestra el incumplimiento de los pilares fundamentales que llevaron a Bruera al palacio de calle 12, sino que a su vez dejan en claro que lo ocurrido en la Casa de Benoit, no es un hecho casual, sino algo complejo, que llega por la desidia de un municipio que promete más de lo que puede cumplir.



