Por no detenerse a pensar
Los vendedores ambulantes se cansaron de las idas y vueltas de Pablo Bruera y se movilizaron hasta la esquina de 7 y 48 para que los dejen trabajar "libremente". Se cansaron de las presiones de los inspectores de Control Urbano y de las "mentiras" del intendente, quien les prometió colocarlos en Cooperativas para alejarlos de la calle, pero que hasta el momento sólo se ha dedicado a decomisarles la mercadería y echarlos del centro de la ciudad. Una justa solución>>
La ausencia de la mano de obra privada y la falta de políticas públicas que den trabajo a los desempleados, ha hecho que el número de vendedores ambulantes aumente considerablemente en la ciudad. Esto hizo que Pablo Bruera y su equipo de trabajo, tomen una desacertada y al mismo tiempo justa medida: impedirle a los vendedores ambulantes detenerse a vender sus productos. Es decir impedirles trabajar libremente.
Claramente esta situación tiene dos puntos de vistas, de un lado, el más humano: "toda persona tiene derecho a poder trabajar libremente"; y del otro, el que más le agrada a los sectores más pudientes: "de esta forma no pagan impuestos ni alquiler".
Como es de esperar, una opinión lleva a una u otra reflexión; pero increíblemente, una idea permite que ambos posicionamientos se crucen y posibiliten la solución al problema: crear una oficina de empleo, para poder buscarles o acercar a los empleos a todas las personas que lo necesitan.
Pero para ello, el municipio debería contactar a los sectores empresariales, a los pequeños y medianos comerciantes, y a toda la masa de desempleados y/o empleados precarizados, para que cada vacante laboral que haya en la ciudad comience a ser cubierta por personas que estén inscriptas en dicho listado.
Esto permitiría que los puestos vacantes sean rápidamente cubiertos, impidiendo así que muchas personas busquen trabajos precarios para vivir o mejor dicho, sobrevivir.
Claramente esta medida no podría ser desarrollada de manera aislada, ya que la oficina no garantiza el pleno empleo. A esto habría que sumarle un plan de obra pública constante, el cual permitiría mantener un número fijo de empleados en blanco, no bajo contratos "basura" ni Planes Trabajar.
A su vez, el municipio debería tomar la iniciativa de fomentar la inversión privada, la cual es en el mayor de los casos, la única garantía a largo plazo que pueden tener los trabajadores, quienes como es de esperar, desconfían en los cambios de gobierno, ya que la salida de un funcionario bien podría arrastrar su trabajo y dejarlo en la calle.
Finalmente, la gestión municipal de Pablo Bruera debería mantener espacios públicos que den asilo a las personas que viven en situación de calle en la ciudad, y solo subsisten con monedas que la gente diariamente les da, o restos de comida que encuentran en los residuos de los vecinos.
Sólo así, el conflicto con los trabajadores ambulantes podría terminar, porque mientras tanto, todo lo que se haga va a ser insuficiente, y las protestas de desempleados que desean trabajar para vivir y llevar adelante su familia, nunca se acabarán. Lo mismo que las quejas de los comerciantes, quienes están en todo su derecho de protestar porque en la puerta de su negocio están vendiendo sus mismos productos, pero evadiendo todo tipo de responsabilidad impositiva.
Esta situación de indefiniciones generada por el municipio, sólo puede ocasionar actos cómo este, una protesta de vendedores que lo único que piden es ser escuchados, y poder trabajar libremente, sin que nadie los presione ni les quite lo que con tanto esfuerzo lograron conseguir.
¿No será lo suficientemente sólido su pedido, como para alguien de la gestión se detenga a pensar en una solución?



